martes, 11 de septiembre de 2012
Hacer una pregunta
Tenía esa duda como un alfiler hirviendo, un pinchazo que no te dejaba tranquila, tonta, no es necesaria la pregunta, no la va a entender, te vas a poner roja, ya te pusiste roja, se te nota, aunque nadie te mira, irradias calor de vergüenza, y sentía una presión en el estómago, una pequeña mano empuñada lo estruja y se ven esas pequeñas venitas azules que debe tener el estómago tal vez, no sé, no sabes nada, tonta, levanta la mano, empieza a hablar, los compañeros se voltean hacia ella. La miran. Habla, habla, después no se acuerda de qué es lo que dijo, tiene una vaga idea, pero si hace un esfuerzo mínimo, lo recuerda palabra por palabra, tono por tono. Ahora te dio taquicardia, viste? tonta, te dije, no hables, no sirvió de nada, el profesor no lo volvió a mencionar, recuerda su cara mientras hablaba, te miraba como no te entiendo ni un carajo lo que me dices, cabra cuica, cabra rubia, no entiendes nada de la vida, no has vivido lo que yo, no has sufrido lo que yo. Cabra weona. Y los compañeros te miraron y después se dieron vuelta a sus puestos mirando al pizarrón y a sus adentros y a sus afueras, que idiota el comentario, no ha lugar, que cuica, ese pelo, natural? Teñida, sí, obviamente, claro, mucha plata, casa gigante, piscina, dos nanas, así cualquiera.
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